Listeners:
Principales oyentes:
Otro Público La radio de los que se portan bien
Bailando con la fea: El TDAH
Household
todaymarzo 11, 2026 16 11 5
Acabo de tener un pequeño momento de pánico. De esos clásicos momentos Dramallouta que llegan con una sensación muy concreta en el cuerpo: algo no está calzando.
Llamé a Anita urgente para que se metiera a la sala de Zoom porque necesitaba decirlo en voz alta como si estuviera en un melodrama. La pregunta era simple, pero incómoda: qué chucha hacemos con esta plataforma, otropublico.com, pero me refiero básicamente a la herramienta de posteos, al blog de otropublico.com.
Con este lugar que en teoría debía ayudarnos a expandir lo que hacemos en el programa.
Al comienzo, mi apuesta era bien clara. Quería que los posteos fueran una extensión natural de la materia que pasamos al aire. Me parecía que nos cubríamos las espaldas si en el programa nos poníamos buenos para el hueveo. Si una conversación se alargaba, si la mañana se nos iba por otro lado, no importaba tanto, porque el contenido importante iba a quedar igual en el blog. Posteado. Ordenado. Disponible. Como un repositorio de ideas útiles al que uno pudiera volver después, cuando realmente lo necesitara.
Eso tenía mucho sentido para mí. Si hablábamos de cómo buscar trabajo, quedaban ahí todos los artículos sobre cómo encontrar trabajo. Si hablábamos de foco, hábitos, decisiones, reinvención, quedaba el registro. Una especie de biblioteca viva de Otro Público.
Pero en algún momento me di cuenta de algo que me complicó. Ustedes estaban entendiendo todo, sí. Les interesaban los temas, sí. Les hacía sentido la materia, sí. Pero no necesariamente estaban haciendo las cosas. Se estaban quedando en el saber.
Y ese es el problema.
Porque nuestra misión no es que ustedes sepan más. Nuestra misión es que hagan más. Que muevan algo. Que tomen una decisión. Que den un paso. Que bajen una idea a la tierra. No queremos acumular gente brillante que entiende perfecto lo que hay que hacer y después no hace nada. Gente inteligente ya hay de sobra. Lo difícil es pasar del insight a la acción.
Entonces pensé: perfecto, adaptemos la materia del programa y transformémosla en hojas de trabajo. No en posteos. En hojas largas. Profundas. De esas que te obligan a sentarte, pensar, escribir, trabajar de verdad. La idea me entusiasmó mucho. Me parecía noble. Me parecía nueva. Me parecía seria.
Hasta que me di cuenta de que quizás les estaba pidiendo demasiado. Darles más pega de la que tienen, es cruel. Si con tres horas de programa estamos. La planta no crece cuando se le grita. Hay que dar espacio.
Porque una cosa es querer ayudar a alguien a avanzar y otra muy distinta es entregarle una tarea de dos horas en una vida que ya viene cargada, cansada, fragmentada, llena de pendientes. Ahí volví a llamar a Anita. Le dije: necesito decidir. O hago artículos o hago hojas de trabajo. Y Anita me dijo una verdad simple, pero importante: las hojas de trabajo son not fun.
Tenía razón.
Entonces vino otra idea. Pensé: eescribamos sobre cosas nuevas. Materia nueva. Libros que no alcancemos a tocar en el programa. Temas paralelos. Derivaciones interesantes. Pero tampoco me terminaba de cerrar.
Y ahí apareció una intuición que, mientras más la miro, más sentido me hace.
Si ya cerramos la comunidad, si esa etapa ya terminó, entonces quizás este sitio no tiene que seguir intentando ser una escuela de productividad, ni una biblioteca de apuntes, ni una extensión académica del programa. Quizás tiene que convertirse en otra cosa.
Quizás tenemos que tomar una decisión más drástica.
No escribir nada que tenga que ver con productividad.
Nada.
Ni consejos, ni hacks, ni listas, ni resúmenes de libros, ni recetas para ordenar la vida. Nada de eso. Para eso ya está el programa en la mañana. Para eso está la conversación en vivo. Para eso está la materia que desarrollamos ahí, con tiempo, con humor, con música y con espacio para desviarnos si la mañana lo pide.
Entonces, qué sí coño.
Columnas.
Solo columnas.
Eso fue lo que creció de manera más orgánica, más inesperada y también más hermosa en revista Patrón. Los columnistas empezaron a encontrar una voz. Empezaron a escribir desde lo que ven, desde lo que piensan, desde lo que les llama la atención de la vida. Y ahí pasó algo. Algo vivo. Algo que no estaba tratando de enseñar, ni de optimizar, ni de mejorar a nadie. Solo estaba mirando bien.
Y tal vez esa tenga que ser la regla para todos nosotros.
No escribir de política. No escribir de cine. No escribir de música. No escribir columnas disfrazadas de recomendación cultural. No resumir libros. No hacer contenido correcto. No hacer contenido útil en el sentido viejo de la palabra.
Escribir sobre lo que vemos en la vida.
Eso.
Sobre una escena. Una conversación. Una rareza. Una contradicción. Una pequeña humillación. Una observación que se te queda pegada. Algo que viste pasar y que, por alguna razón, te dejó pensando.
Ese va a ser el nuevo centro.
Por eso quiero decirles algo a todos los columnistas que estaban medio botados, medio a la deriva, medio esperando una señal: acérquense al computador.
Vamos a revivir esto.
Vamos a escribir. Vamos a postear columnas. Vamos a hacer que la gente comente. Vamos a leer esos comentarios. Vamos a traer de vuelta ese movimiento. Vamos a probar si todavía existe hambre por ese tipo de espacio, uno menos utilitario, menos técnico, menos obsesionado con el rendimiento, pero no por eso menos inteligente.
En las mañanas yo me voy a preocupar de hacer un súper buen programa con Anita. Con buena música. Con buena materia. Con humor. Con todo lo que hace que Otro Público tenga sentido. Y si un día nos ponemos kermesse, nos ponemos kermese. Y si algo importantes de materia queda en el tintero, lo retomamos al día siguiente. No pasa nada. La radio también tiene que respirar.
Pero en las tardes, la energía va a ir a otra parte.
En las tardes me voy a dedicar a publicar a los columnistas y a escribir mis propias columnas. Y esas columnas no van a tener que ver con productividad, ni con política, ni con cultura entendida como comentario cultural. Van a tener que ver con lo que veo en la vida. Con lo que me llama la atención. Con lo que me incomoda. Con lo que me da risa. Con lo que me deja pensando.
Y eso mismo les voy a pedir a todos los demás. Que sigan haciendo lo que hicieron.
Vamos a probar por un tiempo.
No porque tengamos garantizado que va a funcionar, sino precisamente porque vale la pena averiguarlo. Ya funcionó una vez, de una manera medio burbujeante, medio inesperada.
Así que esa es la nueva división del día.
En las mañanas, el programa.
En las tardes, las columnas.
Y entre medio, veamos qué pasa.
PD: En todo caso, está sonando una. música tan buena en la radio, que de música si vamos a escribir
Escrito por José Miguel Villouta
blog editorial columnas personales comunidad creativa creatividad escribir sobre la vida escritores online escritura contemporánea escritura de columnas narrativa personal nuevo rumbo editorial observación cotidiana reflexión cotidiana revista digital vida cotidiana observada
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *
Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente.
todaymarzo 11, 2026 16 11