Mi nombre es Miguel, tengo 35 años, soy periodista y homosexual. Desde 2015 pololeo con Felipe, de quien estoy profundamente enamorado. Algún día, cuando en Chile se pueda, nos queremos casar.

Así parte este artículo publicado hoy en La Tercera donde Miguel Ortiz cuenta cómo le fue intentando curar lo que algunos consideran -con un lenguaje mucho más compasivo- una enfermedad

Miguel cuenta que:

Las terapias de “reconversión” son algo de lo que se habla en voz baja en muchos hogares en Chile, sobre todo en los más conservadores. En mi casa, por ejemplo, el tema se discutió. En su minuto me lo plantearon como una alternativa, una salida para que pudiera tener una vida sin sobresaltos, “de cara a Dios” y para que no incomodara a nadie.

En 2013, cuando yo aún no salía del clóset, una de mis hermanas me recomendó el libro Comprender y sanar la homosexualidad, del sicoterapeuta estadounidense Richard Cohen. En ese momento, debo admitir, no me escandalizó que hablara de “sanar” una orientación sexual.

El libro de Cohen tiene más de 10 ediciones en español y las terapias que él propone pueden llegar a durar 3 años.

Entre los consejos que da está llevar un diario de vida, ya que la homosexualidad es algo adquirido por factores ambientales de la infancia como traumas sin resolver. Es como una especie de debilidad de carácter.

Otro psicólogo del que también habla Miguel en el artículo le achaca obviamente la culpa de ser gay a la madre al crearle al niño una falsa identidad al tenerlo demasiado regalón. Este último el argumento -según mi opinión- siempre me ha calzado con el por qué en sectores políticos machistas prende con tanto entusiasmo el hablar de gay privilegiado, qué es otra manera de decir gay protegido.

Siempre se dice que el niño sale gay porque el padre estuvo ausente, nunca se dice el padre probablemente se alejó porque el niño era gay.

Las fórmulas mágicas que se mencionan van desde curar a tu niño interior a dejar el café y tomar tres litros de agua. Todas cosas que suenan new age pero que pueden llegar a quebrar la psiquis de cualquier persona porque el fin es lo imposible: ser puro sexualmente basado en un constante régimen de represión. Ser gay es finalmente visto como una adicción.

Y eso que a Miguel le tocó el lado “fácil”. Ni hablar de los campamentos de trabajos forzados a los que los mandan en Centro América.

Una parte impactante de este gran artículo es cuando habla con Marcela Ferrer, una autodidacta curagays.

Hoy fue un día clave: fui a la consulta de Marcela Ferrer, sicóloga de la Universidad Santo Tomás, conocida por su defensa de este tipo de terapias a las que ella prefiere llamar “de acompañamiento”. La contacté a través de la Fundación Restauración, en la que trabaja y brinda “atención sicoterapéutica desde una antropología católica”, según la web. Me costó dar con ella y finalmente resultó que su consulta está en el primer piso del edificio en el que vivo, en plena Alameda.

Ella nunca concede entrevistas, por lo que me pidió que no la grabara ni le sacara fotos. Me explicó que “estas terapias son polémicas en todos lados”, y por eso prefiere cuidarse. Varias veces la han funado mientras dicta sus conferencias. Pese a todo eso, y con una amabilidad sobrecogedora, me recibió y me contó que la mayoría de los que llegan a pedirle ayuda son hombres. Yo le cuento que soy gay y le pregunto cómo abordaría mi caso. “La homosexualidad”, contesta ella “tiene más que ver con algo afectivo que con algo estructural (…) Esto no es genética, no es algo determinante. La parte biológica, que yo creo que la hay, tiene que ver con una sensibilidad especial, más alta, que no es lo mismo que ser llorón”.

¿A qué sensibilidad especial se refiere?
A un don para captar mejor algunas cosas, sensoriales o cognitivas. Por eso creo que entre los artistas suele haber más personas con atracción homosexual, o en las personas más espirituales… o entre los sicólogos, que tienen una capacidad de captación del mundo más amplia que la mayoría. Ahora, no todas las personas que tengan esa alta sensibilidad van a desarrollar una atracción homosexual, pero sí creo que todas las personas con atracción homosexual tienen esa sensibilidad especial.

Ella dice que lo suyo funciona ya que si el cuerpo se estimula de manera correcta va a funcionar.

No te pierdas de leer este gran artículo publicado en La Tercera. 

Y nuevamente, para la próxima vez que escuches hablar de gay privilegiado:
Esto es a lo que se tienen que enfrentar.

Sucede más de lo que se piensa. Como los golpes a las mujeres.

Hay una economía de gente que gana dinero con esto y que quiere que tu sigas estando afuera.

Cuando eres heterosexual, disfrutas de una economía que es más de libre mercado para ti. Aún así te identifiques como de izquierda.

Escucha el podcast